En el relato Polaris, que incluí en el primer cuaderno, el vigía de la torre soñaba ser un hombre de este siglo XX que tan vulgar y trivial le parecía a Lovecraft, pero los hombres de ese mundo vulgar pensaban que la torre, el vigía y los inutos eran sólo un vulgar sueño.
Ese relato servía para plantearnos lo difícil que a veces nos resulta saber si estamos soñando o si somos el sueño de alguien. El asunto cuenta con una amplia y excelente literatura, que puede llegar a un grado de enrevesamiento bastante notable, y a sugerir situaciones muy inquietantes. Pensaba en este cuaderno empezar con el sueño del rey rojo de Alicia a través del espejo, pero, puesto que Borges dice que el relato chino El sueño de Pao Yu “prefigura aquel capítulo de Lewis Carroll en el que Alicia sueña con el rey Rojo, empezaré con ese relato, y ya que estamos en China, tras Alicia, seguiré con historias chinas de sueños.
Dice Borges que el episodio del Rey Rojo es una fantasía metafísica, mientras que el sueño de Pao Yu “está cargado de tristeza, de desamparo y de la intima irrealidad de sí mismo.”
El sueño de Pao Yu es un episodio de la larguísima novela Sueño del Aposento Rojo o Hung Lou Meng, que fue escrita en el siglo XVIII, tal vez por Tsao-Hsueh-Chin.
¿Tsao-Hsueh-Chin?
SUEÑO DE PAO YU
(Sueño del Pabellón Rojo)
Pao-Yu soñó que estaba en un jardín idéntico al de su casa. «¿Será posible» -dijo- «que haya un jardín idéntico al mío?». Se le acercaron unas doncellas. Pao-Yu se dijo atónito: ¿Alguien tendrá doncellas iguales a Hsi-Yen, a Pin-Erh y a todas las de casa? Una de las doncellas exclamó: “Ahí está Pao-Yu. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?”. Pao-Yu pensó que lo habían reconocido. Se adelantó y les dijo: “Estaba caminando; por casualidad llegué hasta aquí. Caminemos un poco.” Las doncellas se rieron. “¡Qué desatino! Te confundimos con Pao-Yu, nuestro amo, pero no eres tan gallardo como él.” Eran doncellas de otro Pao-Yu. “Queridas hermanas -les dijo- yo soy Pao-Yu. ¿Quién es vuestro amo?”. “Es Pao-Yu”, contestaron. “Sus padres le dieron ese nombre, que está compuesto de los caracteres Pao (precioso) y Yu (jade), para que su vida fuera larga y feliz. ¿Quién eres tú para usurpar ese nombre?”. Se fueron riéndose. Pao-Yu quedó abatido. “Nunca me han tratado tan mal. ¿Por qué me aborrecerán estas doncellas? ¿Habrá, de veras, otro Pao-Yu? Tengo que averiguarlo.” Trabajado por estos pensamientos, llegó a un patio que le pareció extrañamente familiar. Subió la escalera y entró en su cuarto. Vio a un joven acostado; al lado de la cama reían y hacían labores unas muchachas. El joven suspiraba. Una de las doncellas le dijo: “¿Qué sueñas, Pao-Yu? ¿Estás afligido?”. “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron y me dejaron solo. Las seguí hasta la casa y me encontré con otro Pao-Yu durmiendo en mi cama.” Al oír este diálogo Pao-Yu no pudo contenerse y exclamó: “Vine en busca de un Pao-Yu; eres tú.” El joven se levantó y lo abrazó, gritando: “No era un sueño, tú eres Pao-Yu.” Una voz llamó desde el jardín: “¡Pao-Yu!”. Los dos Pao-Yu temblaron. El soñado se fue; el otro le decía: “¡Vuelve pronto, Pao-Yu!” Pao-Yu se despertó. Su doncella Hsi-Yen le preguntó: “¿Qué sueñas Pao-Yu, estás afligido?” “Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron…”
SUEÑOS Y BUCLES
En el sueño de Pao Yu se dan dos de los asuntos más recurrentes en las paradojas de los soñadores: por un lado el bucle continuo: el cuadro dentro del cuadro, el espejo que refleja otro espejo y a su vez es reflejado, y así hasta el infinito; por otro lado, el hecho de que, a pesar de todas las situaciones ilógicas que parecen sucederse (como el primer encuentro de los dos Pao Yu), existe un sueño final que envuelve todos y los cancela, retornando a una situación quizá inquietante, pero no absurda: Pao Yu soñó al primer Pao Yu que soñaba al segundo Pao Yu.
Es bastante común la coexistencia de ambas propuestas (el bucle infinito y el sueño último que cancela la irrealidad de los sueños anteriores), a pesar de que en sí parecen conceptos antitéticos.
Ahora podría seguir con otros autores chinos, pero sin duda será mejor viajar ahora a la Inglaterra victoriana de Lewis Carroll y al mundo del espejo de Alicia.
Caminando con Tweedledee y Tweedledum, que han sido trasformados en la traducción en Patachunta y Patachún (yo he recuperado los nombres originales), Alicia se encuentra con el Rey Rojo (un rey de ajedrez), que está durmiendo.
Lewis Carroll
EL SUEÑO DEL REY ROJO
(Alicia a través del espejo)
“¡Vamos a verle!” -gritaron los dos hermanos; y cada uno le cogió una mano a Alicia, y la llevaron adonde estaba durmiendo el Rey.
“¿No es una visión encantadora?” -dijo Tweedledum. Alicia no pudo decir sinceramente que lo fuera. Tenía puesto un largo gorro de dormir de color rojo con una borla, y estaba en el suelo, encogido, como una especie de bulto desordenado; y soltaba unos ronquidos sonoros… «¡capaces de hacerle saltar la cabeza!», según comentó Tweedledum .
-Me temo que se va a resfriar, tumbado ahí en la yerba húmeda -dijo Alicia, que era una niña muy precavida.
-Ahora está soñando -dijo Tweedledee-;¿con quién dirías tú que está soñando?
-Eso no se puede saber -dijo Alicia.
-¡Pues contigo! -exclamó Tweedledee palmo- teando triunfalmente-. Si dejase de soñar contigo, ¿dónde crees que estarías tú?
-Dónde estoy ahora, naturalmente -dijo Alicia.
-¡Ni mucho menos! -replicó Tweedledee con desprecio-. No estarías en ninguna parte. ¡Vamos, tú no eres más que un objeto soñado por él”.
-Si ese Rey se despertase -añadió Tweedledum-, ¡paf!, te apagarías como una vela.
-¡No me apagaría! -exclamó Alicia indignada-. ¡Además, si soy un objeto soñado por él, me gustaría saber qué sois vosotros¡
-Idem -dijo Tweedledum .
-¡Idem de idem! -exclamó Tweedledee. Lo gritó tan fuerte,que Alicia no pudo por menos de decirle:
-¡Chitón!;le vas a despertar,si armas tanto alboroto.
-¡Bah!, es inútil que hables de despertarle -dijo Tweedledee-, cuando no eres más que uno de los objetos soñados por él. Sabes muy bien que no eres real.
-¡Sí soy real! -dijo Alicia, y se echó a llorar.
-No te vas a hacer ni una pizca más real por llorar -comentó Tweedledee-; no hay ninguna razón para llorar.
-Si yo no fuese real -dijo Alicia, casi riendo en medio de las lágrimas, dado que todo aquello le parecía de lo más ridículo-, no me sería posible llorar.
-Supongo que no creerás que esas lágrimas son reales, ¿verdad? -intervino Tweedledum con tono de enorme desprecio.
«Sé que estáis diciendo tonterías», pensó Alicia para sí: «y es una estupidez llorar por eso». Así que enjugó las lágrimas, y prosiguió, lo más animadamente que pudo: «De todos modos, será mejor que salga del bosque, porque la verdad es que se está poniendo muy oscuro.”
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SUEÑOS Y SENTIDO COMÚN
Martin Gardner comenta, en una nota a este episodio, que los hermanos Tweedle adoptan en esta discusión metafísica el punto de vista del obispo Berkeley “según el cual todos los objetos materiales, incluidos nosotros mismos, son sólo especies de cosas en la mente de Dios”, mientras que Alicia adopta “la postura del sentido común de Samuel Johnson, quien suponía que refutaba a Berkeley dándole un puntapié a una piedra”. Bertrand Russel comentó acerca de este episodio: “Es una conversación muy instructiva desde el punto de vista filosófico, pero si no estuviese explicada humorísticamente, la encontraríamos demasiado dolorosa”.
Hay que tener en cuenta, además, que tanto Alicia en el País de las Maravillas como Alicia a través del espejo, son sueños, así que el rey rojo que sueña a Alicia es parte del sueño de la propia Alicia.
Gardner comenta algo a lo que ya me referí antes, pero reproduzco su párrafo:
“Hay aquí, en los sueños paralelos de Alicia y del Rey Rojo, una extraña especie de petición de principio. Alicia sueña con el Rey Rojo, el cual está soñando con Alicia, que a su vez sueña con el Rey Rojo, y así sucesivamente, como dos espejos frente a frente, o como esa absurda caricatura de Saul Steinberg en la que una señora gorda pinta el retrato de una señora delgada que está pintando el retrato de una señora gorda que pinta el retrato de una señora delgada, y así sucesivamente, cada vez más adentro de los dos lienzos”.
Curiosamente, la aventura de Alicia con el Rey rojo no es la única que tiene Alicia relacionada con el sueño. Lewis Carroll terminaba de una hermosa manera la primera parte de Alicia. Hay que recordar (no sé si ya lo sabes, porque si no lo sabes ya, tampoco vas a poder recordarlo), que Lewis Carroll escribió Alicia en el país de las maravillas para su amiga Alicia Liddell. La aventura comienza con Alicia y su hermana sentadas en la orilla de un río. Alicia ve de repente un conejo blanco. Al final sabremos que Alicia está soñando, pero Lewis Carroll, al mismo tiempo que nos revela este dato que ya podíamos sospechar, nos plantea un nuevo problema onírico, de una forma muy elegante y muy delicada hacia la muchacha (Alicia) a la que dedica el libro:
Lewis Carroll
EL DESPERTAR DE ALICIA
(Alicia en el País de las Maravillas)
“-¿A quién podéis importar? -dijo Alicia (había alcanzado ya su estatura normal)-. ¡No sois más que una baraja!
Al oír esto, todas las cartas volaron por los aires, y se precipitaron sobre ella; Alicia profirió un gritito, mitad de miedo, mitad de indignación; braceó tratando de rechazarlas, y se encontró con que estaba tumbada en la orilla del río, con la cabeza en el regazo de su hermana, que le apartaba dulcemente unas hojas de árbol que le habían caído en la cara.
-¡Despierta, Alicia, cariño! -le decía su hermana- ¡Vamos, lo que has podido dormir!
-¡Oh, he tenido un sueño curiosísimo! dijo Alicia.
Y le contó a su hermana, tal como las recordaba, todas estas extrañas Aventuras suyas que acabáis de leer; y cuando hubo terminado, su hermana le dio un beso, y dijo: «Desde luego, ha sido un sueño muy curioso, cariño; pero ahora corre a merendar; se te está haciendo tarde». Así que se levantó Alicia, y echó a correr, pensando mientras corría, con razón, lo maravilloso que había sido ese sueño.
Pero su hermana se quedó sentada, tal como ella la había dejado, con la. cabeza apoyada en la mano, observando la puesta de sol, y pensando en la pequeña Alicia y todas sus maravillosas Aventuras, hasta que se puso a soñar también en cierto modo; y su sueño fue éste:
Primero soñó con la propia Alicita: otra vez sus manos diminutas estuvieron entrelazadas sobre su rodilla, y sus ojos vivos y anhelantes estuvieron fijos en los de ella… incluso volvió a oír las entonaciones de su voz, y a ver aquel característico gesto de cabeza para echarse hacia atrás el pelo ondulante que siempre le caía sobre los ojos… y mientras la oía, o le parecía oírla, todo el lugar en torno suyo se pobló de las extrañas criaturas que había soñado su hermanita.
La yerba alta susurró a sus pies al pasar corriendo el Conejo Blanco, el asustado Ratón cruzó chapoteando el charco vecino… oyó el tintineo de las tazas de té que producían la Liebre de Marzo y sus amigos en su merienda interminable, y la voz estridente de la Reina que ordenaba decapitar a sus infelices invitados… otra vez el bebé-cerdito estornudó sobre las rodillas de la Duquesa, mientras las fuentes y las bandejas, se hacían añicos a su alrededor… y otra vez el alarido del Grifo, el chirrido del pizarrín del Lagarto, y la voz de los Conejillos de Indias al ser sofocados, llenaron el aire y se mezclaron con el sollozo lejano de la desventurada Falsa Tortuga.
Así que siguió sentada, con los ojos cerrados, y medio convencida de que estaba en el País de las Maravillas; aunque sabía que no tenía más que abrirlos otra vez, para que todo volviese a ser insulsa realidad: la yerba susurraría por el viento tan sólo, y el agua chapotearía con el balanceo de las cañas… el tintineo de las tazas se convertiría en el tañido de los cencerros de las ovejas, y los gritos estridentes de la Reina en las voces del pastorcillo… Y el estornudó del bebé, el alarido del Grifo y demás ruidos extraños, se tranformarían (lo sabía) en el clamor confuso del ajetreado corral de la granja, mientras que el mugido del ganado, a lo lejos, sustituiría a los hondos sollozos de la Falsa Tortuga.
Por último, imaginó cómo esta misma hermanita, con el tiempo, se convertiría en mujer, y cómo conservaría en sus años maduros el corazón sencillo y adorable de su niñez; y cómo reuniría a su alrededor a otros niños, y haría que sus ojos brillasen y mirasen anhelantes al contarles muchos cuentos extraños, quizá su antiguo sueño del País de las Maravillas y cómo sentiría con todos ellos su sencillas tribulaciones, y encontraría placer en todas sus sencillas alegrías, recordando su propia niñez, y los días felices del verano.
ALICIA EN EL MUNDO DE LA LÓGICA
Antes de regresar a China, seguiré con Alicia, pero esta vez la Alicia de Smullyan.
Alguna vez te he hablado de un trío de ensayistas americanos que me gusta mucho y que, además, son amigos entre ellos. Se llaman Martin Gardner, Raymond Smullyan y Douglas Hofstadter. Ya ha aparecido aquí Gardner (y volverá a aparecer); Hofstadter sin duda también visitará estos cuadernos, cuando recuperé el libro Godel, Escher, Bach (dedicado en gran parte al asunto de los bucles infinitos de los que hablé antes). Ahora le llega el turno a Smullyan.
Raymond Smullyan, además de escribir un libro delicioso acerca del Tao (Silencioso Tao) es un lógico formidable. Ha publicado muchos libros dedicados a problemas de lógicos, en los que aparecen extraños personajes: vampiros, pájaros diversos, damas y tigres, caballeros y escuderos. Algunos de estos personajes mienten siempre, otros dicen siempre la verdad, algunos mienten o dicen la verdad de modo alternativo o azaroso. El lector, a través de pocas pistas, pero siempre de meidante una lógica inflexible, debe averiguar si se halla ante un veraz o un mendaz, por ejemplo, o si debe fiarse de lo que le dice un personaje indeterminado, incluso sin saber si es un veraz o un mendaz.
Smullyan también ha publicado un libro con problemas semejantes a estos pero dedicados a Alicia. Se llama Alicia en el País de las Adivinanzas (No sé ahora si esta es o no una traducción aproximada del original). Es uno de los mejores libros de Smullyan, junto a 5000 antes de Cristo y Silencioso Tao. En Alicia en el País de las Adivinanzas, Alicia va encontrándose con los personajes de sus dos aventuras escritas por Lewis Carroll (el País de las Maravillas y A través del espejo), explotando aquí los aspectos más lógicos (de la disciplina llamada Lógica), algunos de los cuales ya insinuaba e incluso planteaba el gran Lewis Carroll.
También la Alicia de Smullyan se encuentra con el rey rojo, y éste es el resultado:
Raymond Smullyan
La Teoría del rey rojo
(Alicia en el País de las Adivinanzas)
En este momento la conversación de Alicia con Humpty Dumpty fue interrumpida por un extraño ruido que venía de lejos, algo así como los resoplidos de una locomotora.
-¿Qué es eso? -preguntó Alicia algo alarmada”.
-Ah, son sólo las ronquidos del rey Rojo contestó Humpty Dumpty, Deberías ir a verle, es todo un espectáculo.
-Ah, sí -dijo Alicia recordando su primer viaje al Espejo, ya le he visto dormido una vez, yo estaba con Tweedledum y Tweedledee en ese momento y me dijeron que el Rey Rojo estaba soñando conmigo y que yo no era nada más que un objeto en su sueño, y que si se despertaba, yo dejaría de existir. ¿Qué tontería, ¿no?
-¿Por qué no te despiertas y lo averiguas?- respondió Humpty Dumpty.
-Estoy por hacerlo dijo Alicia desafiante-. Pero sería bastante desconsiderado, ¿sabes?
-No sé -contestó Humpty Dumpty-. Bueno, vete a echarle un vistazo si quieres; yo quiero quedarme aquí y seguir trabajando con más acertijos.
Ante esta indirecta Alicia pensó, que debía marcharse. Después de dar las gracias a Humpty Dumpty por su instructiva lección de lógica, se metió en el bosque, en dirección a los ronquidos. Cuando llegó junto al Rey Rojo, estaba justo despertándose y a su lado se encontraban Tweedledee y Tweedledum mirándole.
-¡Así que el Rey está, despierto! -gritó Alicia a los hermanos Tweedle y yo sigo existiendo igual que antes. ¿Qué tenéis que decir a esto? -añadió triunfalmente.
-Creo que será mejor que volvamos a casa -dijo Tweedledee a su hermano-. Puede empezar a llover en cualquier momento. Tú puedes quedarte aquí si quieres -dijo a Alicia-, pero mi hermano y yo debemos volver.
Alicia miró al cielo y no vio ni una sola nube. -Creo que me quedaré -dijo Alicia-. Me gustaría charlar con el Rey Rojo. Pero quiero daros las gracias otra vez por esos estupendos juegos lógicos, Me encantaron.
Los dos hermanos se marcharon del bosque dando un paseo del brazo. Después de observarles un rato, Alicia volvió junto al Rey Rojo, que ya estaba completamente despierto.
-¡Tú debes ser Alicia! -dijo el Rey.
-Pues sí -respondió Alicia-, pero ¿como lo sabéis?
-Acabo de tener un sueño rarísimo -contestó el Rey-, soñé que estaba andando por el bosque con Tweedledee y Tweedledum y que me encontraba a una niña exactamente igual que tú, acurrucada bajo un árbol y profundamente dormida. «¿Quién es», pregunté. «Es Alicia, dijo Tweedledee, «y sabéis en qué está soñando?». Yo contesté: «¿Cómo se puede saber en que está soñando?». «Pues está soñando con vos »,contestó. Y los dos hermanos intentaron convencerme de que yo no tenía existencia propia, sino que era sólo una idea en tu mente y que si tú te despertabas, yo me apagaría -fu- como una vela. Así que estoy muy contento de verte despierta y de ver que no me he apagado -fu- corno una vela
-¡Esto sí que es increíble! -gritó Alicia-. A mí pasó la mismísima cosa, pero al revés, la primera vez que os vi. Estabais dormido, yo estaba con Tweedledee y Tweedledum, y me dijeron que vos estabais soñando conmigo y que si os despertabais, yo ya no existiría, sino que -fu- me apagaría como una vela.
-Bueno, los dos estamos despiertos y ninguno se ha apagado -fu- como una vela -contestó el Rey, con una sonrisa-. Parece que los hermanos Tweedle estaban equivocados o querían tomarnos el pelo.
-¿Cómo puedo saber con seguridad que estoy despierta? -preguntó Alicia- podría suceder que estuviera dormida ahora mismo y soñando todo esto.
-Esa es una pregunta irritante y bastante difícil de responder -contestó el Rey-. Una vez tuve una larga discusión filosófica con Humpty Dumpty sobre esto. ¿Le conoces?
-Oh, sí -contestó Alicia,
-Humpty Dumpty es uno de los discutidores más perspicaces que conozco, puede convencer a cualquier persona de cualquier cosa si se empeña. Bueno, pues casi me convenció de que yo no tenía ninguna razón válida para estar seguro de estar despierto, pero yo le superé. Tardé unas tres horas, pero terminé por convencerle de que yo debía estar despierto, y admitió que yo había ganado. Entonces…
El Rey no termino su frase y se quedó perdido en sus pensamientos.
-Y entonces ¿qué? -preguntó Alicia,
-¡Y entonces me desperté! -dijo el Rey con timidez.
-¡Luego Humpty Dumpty después de todo tenía razón! -gritó Alicia.
-¿Tenía razón en qué -preguntó el Rey-. No llegué a tener esa conversación con Humpty Dumpty; sólo soñé que la tuve.
-No me refería al verdadero Humpty Dumpty -contestó Alicia- sino al Humpty Dumpty con quien estabais soñando. Él sí tenía razón.
-Un momento -dijo el Rey-, ¿qué estás intentando decirme, que hay dos Humpty Dumpty, el verdadero y el de mi sueño?
Alicia no supo qué decir a esto.
- Bueno, mientras tanto -dijo el Rey- se me ha ocurrido un razonamiento mucho mejor para demostrar que estoy despierto. Este razonamiento no puede de ninguna forma estar mal, ¡tiene que estar bien!
- Eso sí que me gustaría oírlo! -dijo Alicia.
Pero nosotros nos quedaremos sin oír ese razonamiento, que, aunque relacionado con los sueños, entra más en el terreno de la lógica. Puedes consultarlo en el libro de Smullyan, o tal vez regrese a él en un cuaderno posterior.
Y también habrá que esperar a un próximo cuaderno para regresar a China.
Este cuaderno lo imprimí para Karina
el día 18 de marzo de 1998
Daniel Tubau