George Steiner intenta explicar en su ensayo En el castillo de Barbazul el por qué una sociedad aparentemente apaciguada durante un siglo (desde el fin de la era napoleónica hasta 1914) acabó cayendo en la bestialidad de las dos guerras mundiales del siglo XX. Una de las causas podría ser:
“La conjunción de un extremo dinamismo económico-técnico con una gran porción de inmovilidad social obligada, una conjución sobre la que se edificó un siglo de civilización liberal, burguesa, suministraba una mezcla explosiva”
Pero habría que examinar si parte importante del problema no es ya la inmovilidad social, sino precisamente lo contrario: la movilidad social, que, aunque no fuese mucha, era mayor que la de épocas anteriores.
Me refiero a la percepción de que existía un cierto grado de movilidad social, en comparación con la sociedad estática medieval en la que la no movilidad social se aceptaba porque no se conocía otra cosa. Ver que existía esa movilidad social y no poder aceder a ella podía ser más frustrante que pensar que no había siquiera tal posibilidad.
Incluso entre las capas privilegiadas de la población (nobles, burgueses, eclesiásticos) se producía la percepción inevitable, aunque fuera en un segundo término, de que su posición social era un privilegio injusto.
Un privilegio casi accidental para los burgueses, que bien podían recordar cómo vivía su padre o su abuelo.
Un privilegio amenazado para los nobles, que recordaban perfectamente los años de la guillotina.
Una clara conciencia de la movilidad social, frente al sistema estamentario que se aceptaba en la Edad Media (aunque su legitimación fuera en última instancia el uso de la fuerza, como es obvio).
Para muchos nobles revolucionarios (que los había) el pensameinto podía ser éste: ” Si ya no existen barreras que me separen y distingan de los burgueses, eliminemos las que nos distinguen a todos de los obreros. O todo o nada”. Para otros más celosos de sus privilegios, el pensamiento podía ser: “Al señalar la injusticia de los burgueses respecto a los obreros, minimizo mi propia injusticia y me distingo de la aborrecida burguesía”.